Animales sociales

 

 

Y es que, así describen al ser humano muchos expertos: que si sociólogos, que si antopólogos, que si psicólogos…

Y tienen mucha razón, la verdad es que no somos conscientes de lo que nos influye la sociedad hasta que es demasiado tarde y ya has hecho, y mucho, el ridículo. Un claro ejemplo es el momento groupi, ese en el que a todas tus amigas les gusta un/a cantante y tu, pobre de ti, sucumbes sin pensarlo. Recuerdo mis dolientes 11 años, cuando me vino la regla y estaba empezando a sufrir los primeros vaivenes de las hormonas. Que si ahora subo y el mundo es una mierda, que si ahora bajo y me siento casi una persona normal… Esa fue la época en la que puse a prueba el amor de mi madre, el momento culmen en el que estoy segura, que la hubiese encantado matarme. Gracias mamá, por aguantarme.

Y es que a todas mis amigas las dio por escuchar a la pava de Laura Pausini, y yo no fui menos. Y la tortura a la que hice pasar a toda mi familia, a dia de hoy aun me pesa en los hombros. Es duro, muy duro, y desde aquí pido disculpas públicamente, aunque eso signifique que si tenía algún tipo de reputación, la tire por el retrete. Y es que, acababa yo de escucharla, y empezaba mi vecina de abajo. Y acababa ella, y empezaba la de arriba… A día de hoy, es escuchar esa voz chillona y no hay un pelo de mi cuerpo que no se ponga de punta. Me imagino, que será fruto de las altas dosis de hormonas y desvarío lo que me hacía aguantarla.

Pero, ahí no quedó todo. Los New Kids on the Block, fueron también parte de esa tortura inimaginable que mis pobres padres tuvieron que pasar, aunque en este caso, la culpa fue suya, porque me regalaron mi primer cassette, y claro, no podía dejar de escucharles.

El segundo síntoma de que la sociedad nos empuja a cosas raras fue el momento en el que todas mis amigas quedaban para vestirse iguales. A la pregunta ¿qué te vas a poner hoy? seguía un, no tia, eso no que yo tengo el jersey de cuello alto negro sucio, y no me lo puedo poner… Todas teníamos que ponernos lo mismo: la falda de tubo con los calentadores, el peto vaquero con la camiseta por encima del ombligo… y cuando me empecé a dar cuenta del ridículo que hacíamos, y decidí ponerme otra cosa distinta de lo que mis amigas decidían ponerse para salir, fuí fulminantemente echada del grupo.

 

La verdad, igual se suponía que yo tenía que sentirme mal o algo porque me echaran del grupo, pero en el fondo de mi corazón, sentía una gran liberación. En ese momento decidí que nadie iba a dictarme nunca ni lo que ponerme ni lo que escuchar. Por esos entonces, tenías que pertenecer a algún topo de tribu urbana. Cuando la gente me preguntaba: pero, ¿¿ tú que eres?? ¿¿rapera?? ¿¿gótica?? yo respondía: soy persona. Y eso fue una sensación de reafirmación sobre mí misma que a día de hoy aún me deja un buen sabor de boca. Fue la primera vez en mi vida que me sentía mayor.

Caer en la presión social no es bueno para nadie. Con el tiempo, tu mism@ irás creando tus mecanismos de defensa hacia estas presiones. Hoy en dia, ademas de las presiones descritas, hay otras muchas que nos hacen mucha pupa, que son las que vienen de los medios de comunicación. Así que, calzaros el chubasquero para hacer que todas las tonterías del mundo os resbalen y haceros fuertes en vosotr@s mism@s, en vuestra identidad.

Que nadie os dicte nunca lo que tenéis que ser, vestir, pensar o hacer. Os deseo con todo mi corazón que seáis libres, pero de verdad.

Un abrazo Minimoliano.

Minimol del Campo

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