Mudanzas (Minicuento II)


Cuando cerró la puerta del antiguo piso, su alma descansó. Fue como si le hubieran quitado un peso muy grande de encima. Sentía, al ver el sitio vacío, que la vida la llevaba por el buen camino, que en algún lugar estaba el nido que estaba buscando, que sentía que necesitaba.

Cuando abrió la puerta de la nueva casa, un rayo de alegría y de posibiliades le cruzó la cara. Y pensó dónde pondría las cosas, y limpió aquello para darle aspecto de hogar, y preparó la base de un buen nido. Y al ritmo de la música, con unos buenos caderazos al ritmo,  la vida se bebe de otra manera.

La pilló desprevenida, sin esperarse que aquella caja, una simple y sencilla caja, pudiera llegar a albergar tantas cosas. Se encontró planos de ciudades, de países, de serranías de distintos continentes. Se encontró monedas de lugares remotos. Se encontró billetes de tren, autobús, una foto de ese señor tan majo que te llevó en coche hasta Pau, de esa señora maravillosa que me hizo de guía por Niza…

¿Cuántos recuerdos necesita una de su vida? Se sentó a meditar. Y por un lado, echó de menos a ciertas personas, ciertas situaciones, ciertos comportamientos y hábitos. Y por el otro valoró por lo que había pasado, y sin darse cuenta, volvía a sonreír pensando en lo que tenía en ese mismo momento. Y se hizo un ovillo al pensar en el futuro.

Porque le dolió intuir que, si las cosas no cambiaban pronto de una manera pacífica, al final, su casa, su país, su pueblo, su mundo se terminaría convirtiendo en una dictadura a la altura de Wells, Orwell,o la misma  Collins. Y se abrazó, e imaginó que las respuestas a todos los problemas del mundo estaban en esa caja. Si todo el mundo comprendiera lo importante que es viajar, conocer gentes y lugares distintos…

Entonces la humanidad se daría cuenta de que tod@s somos iguales, la misma raza, la misma criatura. Se darían cuenta de la inutilidad de fronteras. De la necesidad de compartir igualitariamente la cultura, la sanidad, la riqueza. La necesidad de que tod@s tengamos las mismas oportunidades en la vida, la fuerza de una sociedad que elija su futuro de manera individual de forma inteligente, explotando sus habilidades de individuo libre para el bien del pueblo. Porque la felicidad de un@ es la de tod@s. Porque compartir es la única manera de supervivencia digna.

Y se durmió, y soñó cómo un mundo así era posible.Que un mundo así podría ser palpable. Que la humanidad despertaba de su letargo y se daba cuenta de lo absurdo de la situación. Que empezábamos a adoptar medidas de educación social: básico para el control de la natalidad. Básico para posibilitar que todo el mundo tenga las mismas oportunidades. Básico para poder repartir la riqueza. Básico para crear un nuevo mercado, basado en el sentido común, que siga premiando a los que trabajan, pero nunca a los que explotan.Básico para crear una sociedad feliz. Básico para que tú seas feliz.

Fuente: Estrella

El que devora (Minicuento I)

Con este escrito me embarco en una nueva aventura: Voy a recopilar ilustraciones de tod@s l@s ilustradores que me rodean, que son much@s y con mucho mucho talento y les voy a escribir un cuentecito. Espero que os gusten 🙂

                                        ……………………………………………………….

Cuando llegó a la mesa, hacía un día espléndido. No se acordaba de la última vez que había estado en la playa, solo, sobre las rocas, mirando el gran azul y pensando en todas aquellas cosas que le parecían importantes en la vida, y que de alguna manera, habían dejado de serlo. Disfrutó de cada momento en aquella cala, y tan ensimismado estaba mirando al infinito que no vio acercarse al viejo. Este, con manos temblorosas, le presentaba un pescado de gran tamaño. Toma, le dijo. Para que almuerces.

Le dio las gracias. Compartieron un cigarro en silencio, como el que comparte el alma. Una vez chupada la última calada, el viejo puso su mano en el hombro, y se marchó. El no hacía mas que pensar en esa cara, llena de sabiduría y felicidad. ¿Por qué tenía la sensación de haber compartido tanto con ese hombre si sus labios no se habían despegado?

De vuelta en casa, miraba el pescado. Lo marinó, lo raspó, lo preparó para el horno. Y mientras miraba cómo se doraba en el horno, preparó la mesa al son de su alegre silbido. Cuando la mesa estuvo puesta, con su tenedor para pescado y su tenedor para ensalada, con su cuchillo de pescado, con su copa para el vino, con su pan bien cortado, con su servilleta doblada a un lado… sacó del horno la bandeja, que desprendía un olor maravilloso.

En ese momento, miró a ambos lados. Cuando miró a la derecha, pensó en su madre. En lo que le diría: no pongas los codos sobre la mesa, que te pongas recto, que mastiques con la boca cerrada, que no hagas castañuelas… Cuando miró a la izquierda pensó en su novia: límpiate bien, que tienes algo en la barba, no comas tan deprisa, no te metas tanta cantidad de golpe en la boca, no te sirvas tanto… pensó en el monitor del comedor de su colegio: no te levantes de la mesa hasta que todos terminen, límpiate la boca antes de beber del vaso, no mojes el pan en la salsa…

Y entonces, explotó. Tiró al suelo toda la parafernalia de la mesa, cogió el pescado con los dedos y pensó para si lleno de satisfacción: para ser feliz, uno no necesita tantas reglas de etiqueta.

Animales sociales

Y es que, así describen al ser humano muchos expertos: que si sociólogos, que si antopólogos, que si psicólogos…

Y tienen mucha razón, la verdad es que no somos conscientes de lo que nos influye la sociedad hasta que es demasiado tarde y ya has hecho, y mucho, el ridículo. Un claro ejemplo es el momento groupi, ese en el que a todas tus amigas les gusta un/a cantante y tu, pobre de ti, sucumbes sin pensarlo. Recuerdo mis dolientes 11 años, cuando me vino la regla y estaba empezando a sufrir los primeros vaivenes de las hormonas. Que si ahora subo y el mundo es una mierda, que si ahora bajo y me siento casi una persona normal… Esa fue la época en la que puse a prueba el amor de mi madre, el momento culmen en el que estoy segura, que la hubiese encantado matarme. Gracias mamá, por aguantarme.

Y es que a todas mis amigas las dio por escuchar a la pava de Laura Pausini, y yo no fui menos. Y la tortura a la que hice pasar a toda mi familia, a dia de hoy aun me pesa en los hombros. Es duro, muy duro, y desde aquí pido disculpas públicamente, aunque eso signifique que si tenía algún tipo de reputación, la tire por el retrete. Y es que, acababa yo de escucharla, y empezaba mi vecina de abajo. Y acababa ella, y empezaba la de arriba… A día de hoy, es escuchar esa voz chillona y no hay un pelo de mi cuerpo que no se ponga de punta. Me imagino, que será fruto de las altas dosis de hormonas y desvarío lo que me hacía aguantarla.

Pero, ahí no quedó todo. Los New Kids on the Block, fueron también parte de esa tortura inimaginable que mis pobres padres tuvieron que pasar, aunque en este caso, la culpa fue suya, porque me regalaron mi primer cassette, y claro, no podía dejar de escucharles.

El segundo síntoma de que la sociedad nos empuja a cosas raras fue el momento en el que todas mis amigas quedaban para vestirse iguales. A la pregunta ¿qué te vas a poner hoy? seguía un, no tia, eso no que yo tengo el jersey de cuello alto negro sucio, y no me lo puedo poner… Todas teníamos que ponernos lo mismo: la falda de tubo con los calentadores, el peto vaquero con la camiseta por encima del ombligo… y cuando me empecé a dar cuenta del ridículo que hacíamos, y decidí ponerme otra cosa distinta de lo que mis amigas decidían ponerse para salir, fuí fulminantemente echada del grupo.

Fuente: Quino

La verdad, igual se suponía que yo tenía que sentirme mal o algo porque me echaran del grupo, pero en el fondo de mi corazón, sentía una gran liberación. En ese momento decidí que nadie iba a dictarme nunca ni lo que ponerme ni lo que escuchar. Por esos entonces, tenías que pertenecer a algún topo de tribu urbana. Cuando la gente me preguntaba: pero, ¿¿ tú que eres?? ¿¿rapera?? ¿¿gótica?? yo respondía: soy persona. Y eso fue una sensación de reafirmación sobre mí misma que a día de hoy aún me deja un buen sabor de boca. Fue la primera vez en mi vida que me sentía mayor.

Después de ese paso, vino el del sexo. Mis nuevas amigas, más mayores todas que yo, me miraban raro porque con 13 años no me había tocado nadie las tetas ni el culo. Y es que, estaba muy pero que muy mal visto dejarse tocarse por nadie. La verdad, yo no entendía del todo el motivo por el que tocarte el culo te hacía mayor o especial. Y era raro, porque por un lado había una parte de la sociedad que te miraba mal y te llamaba puta si te besabas y te maniculitanteabas con chicos. Por el otro, había otra parte que te miraba como si fueras extraterrestre si nadie te había tocado las tetas…

Así que, en toda mi fase de experimentación, decidí que de ese fin de semana no pasaba sin que me tocaran las tetas y el culo. Me enganché a un chico y me enrolle con el. La verdad, el chaval no tenía ni idea ni de besar, ni de tocar tetas ni de tocar culo. Así que, sin comprender el afán de nadie porque le tocaran, dejé para más adelante eso de meterme mano. Y cuando le cogí el gustito, cuando un chico que me gustaba mucho me metió mano por primera vez y me puso en órbita, entonces comprendí a lo que se referían aquellas muchachas. Pero eso no fue hasta muchos años después, por lo que Fridas y Kahlos, os recomiendo encarecidamente que no toméis decisiones por la presión social, la de grupo. Nunca serán experiencias tan placenteras como si decidís hacerlas en el momento adecuado con la persona adecuada.

Luego vinieron las drogas. El alcohol, el tabaco, los canutos, la cocaína, el éxtasis, el LSD, las setas… en mi barrio había de todo, y existía una especie de competición absurda por quién sería el/la que más se ponía, el/la que más mezclaba, el /la que más aguantaba. Todo esto no es más que un montón de tonterías, aderezadas por las subidas de hormonas que en todo caso trae más experiencias chungas que agradables. Yo soy una aférrima defensora de las drogas, opino que hay que tomarlas cuando apetecen, cuando nuestra conciencia nos pide agrandarse, cuando queremos conocernos mejor… hay muchas muchas maneras de tomar drogas, pero nunca lo hagamos ni para evadirnos ni para demostrar algo.

Las drogas, como la medicina, tiene su función. Tiene su manera de usarse, tienen su razón de ser. Los mismos animales las utilizan (los renos del norte de Europa se ponen finos de setas alucinógenas, los Jaguares se colocan con liana de ayahuasca, los pájaros, las vacas y otros animales comen fruta fermentada, que no es más que alcohol, los gatos buscan la hierba nebeda para volverse locos…). El hecho de que el alcohol esté legalizado en la mayoría de los países y que su consumo sea culturalmente aceptado, y que sin embargo tachemos de locos a los mexicanos que usan sus setas… eso es relativismo cultural del chungo, del excluyente, que trabaja haciendo que pensemos y creamos que nuestra postura, la de occidente, sea la única válida.

Caer en la presión social no es bueno para nadie. Con el tiempo, tu mism@ irás creando tus mecanismos de defensa hacia estas presiones. Hoy en dia, ademas de las presiones descritas, hay otras muchas que nos hacen mucha pupa, que son las que vienen de los medios de comunicación. Así que, Fridas y Kahlos, calzaros el chubasquero para hacer que todas las tonterías del mundo os resbalen y haceros fuertes en vosotr@s mism@s, en vuestra identidad.

Que nadie os dicte nunca lo que tenéis que ser, vestir, pensar o hacer. Os deseo con todo mi corazón que seáis libres, pero de verdad.

Un superbeso Minimoliano.

Hoy hace 10 años

 El primo Paco, no se puede ser más guapo.

Hoy hace 10 años que mi vida dio un vuelco, y no sólo mi vida sino la de toda mi familia. Hoy hace 10 años que nos falta Paco, mi  primo, que nos dejó con una penita muy grande. Porque era muy pronto, porque no se lo merecía. Porque estas cosas no deberían ocurrir nunca. De hecho, nadie se merece acabar como él lo hizo.
Siempre que llegan estas fechas se me revuelve el alma. Nunca he escrito sobre este tema, porque, aunque han pasado 10 años, sigo llorando como una niña cada vez que abro la cajita de mi memoria donde tengo guardadas todas estas sensaciones y experiencias. 
Hoy, aunque con lágrimas en los ojos y las convulsiones que conllevan, estoy lista y preparada para compartir con aquellos que quieran escuchar mi relato sobre aquel día fatídico, lo que me ocurrió. Que este texto sirva para concienciar las mentes de todas aquellas personas en cuyas manos reside la responsabilidad de que hechos como el de aquel 11 de Marzo no vuelvan a ocurrir jamás.

El que, en mi humilde opinión, tuvo la culpa de la muerte de Paco. Fuente

Todo empezó como cualquier otro día, me levanté, me preparé y me fui a trabajar. En esos días estaba trabajando en una empresa llamada DENTALITE, una empresa que se dedica a cosas de dentistas. La verdad, no entiendo muy bien qué hacía yo allí, pero bueno, era un trabajo. Llevaba muy poco trabajando, semanas, creo (la verdad, ya no lo recuerdo). Lo que sí recuerdo fue que me esforcé mucho por ese trabajo, como auxiliar administrativo. Y parecía que todo el mundo estaba satisfecho conmigo (o eso me parecía a mí).
Llegué a la oficina, tan normal, como siempre. Pero, al entrar una de mis compañeras que escuchaba la radio empezó a comentar compungida que habían puesto una bomba en Atocha y en Alcalá de Henares. El miedo recorrió mi cuerpo, de cabo a rabo, ya que mi madre, mi hermano y mi abuela vivían en aquella localidad. Yo me crié en Torrejón de Ardoz, un pueblo pegado a Alcalá. Y toda mi familia (o casi toda) vivía y vive en el Corredor del Henares: Vallecas, Santa Eugenia, Entrevías… Todos mis amigxs cogían el tren para ir a la universidad (bendita huelga que salvó el pellejo a un montón de gente), para ir a trabajar, para hacer sus vidas…
El miedo me hizo coger el teléfono y empezar a llamar a toda la agenda. Las líneas estaban colapsadas, y me costó mucho dar con mi madre y con mis amigxs, pero parecía que todo el mundo estaba bien. Algunos de lxs amigxs que solían coger ese tren se durmieron ese día, otros se salvaron por la huelga, recuerdo una amiga que se libró porque se le olvidaron los apuntes y tuvo que volver a casa… ¡¡Menos mal!!
Ahí llegó la primera advertencia de mi supervisora. No recuerdo el nombre de nadie en esa empresa, excepto el de ella. Primero porque era mi tocaya, Raquel. Segundo, porque me parece la persona más detestable de la puta faz de la tierra. Me dijo que no tenía ningún derecho a estar llamando a nadie en mis horas de trabajo, que volviera a mi sitio y prosiguiera con mis tareas. Le expliqué que toda mi familia y amigos podían ir en ese tren, pero ella insistió en que tenía que seguir trabajando. Y lo hice… con el corazón encogido. 
Llegó la hora de comer y me fui a casa, prosiguiendo por el camino con las llamadas. Al llegar a casa, hablé con mi padre. Yo estaba más tranquila porque parecía que todos mis allegados estaban bien. Y entonces soltó la bomba: no encontramos al primo Paco. ¿Cómo? 
De todos mis primos, Paco era mi favorito. Lo cierto es que siempre le vi como un príncipe azul. Fue el primer chico que me dio una vuelta en moto, y de hecho, por hacerme la valiente, me quemé el gemelo y no dije nada, para que no me tomara por una cría (tenía unos 10 años)… aunque la ampolla era del tamaño de un puño. Era guapo, inteligente, dulce… una persona sublime. Mirando atrás, creo que fue mi primer amor, amor platónico, pero amor verdadero, sincero y puro. Por su culpa siempre he tenido debilidad por los motoristas.
Recuerdo los veranos en Casillas con mis primos con mucha frecuencia, me encantaba pasar tiempo con mi familia. Recuerdo cómo un verano, enseñé a mi abuela a escribir, cómo mi abuelo nos hacía anillos con las monedas de 25 pesetas que tenían un agujero en el centro, lo guapo que era mi tío Paco y lo bien que olía, las tortillas de la tía Amparo, los filetes empanados de la tía Angelines; las croquetas de la tía Pepi, las migas del abuelo y del tío Cándido. Lo bien que me lo pasaba jugando y riendo con mis primas Esther y Rosana, mi primo Rober chinchándome todo el rato, mi primo Pepe metiéndose conmigo. Lo guapas que eran (y son) mis primas Lourdes, Mila, Nuria y Ana, que tenían locos a todos los mocitos del pueblo. Lo que me gustaba hablar con mis primas Eva y Marta, lo brutos que eran mis primos Juan y Candi… pero, ante todo, recuerdo a mi primo Paco, tan guapo, tan alto…
Mi prima Lourdes, su hermana, me llevaba de paseo por Madrid con Paco, su novio por esos entonces y su marido a día de hoy. Me compraban algodón de azúcar y yo me lo pasaba teta con ellos. Pero, lo mejor de esas visitas a Santa Eugenia era dormir en la cama de Paco. Me encantaba dormir rodeada de su olor.
Llamé al trabajo y avisé de que no acudiría por la tarde, que tenía que irme a buscar a mi primo. Mi supervisora me dijo que “tenía una actitud poco profesional” y me despidió. En ese momento me dio igual, tenía cosas más importantes en la cabeza. Pero tengo que admitir que, después, fue algo que me pesó sobre los hombros, y que agravó, con creces, mi tristeza y desilusión posterior. Menuda mierda de mundo injusto y sin corazón en el que vivimos. 
Mi padre intentaba tranquilizarme: no te preocupes, seguro que ha escuchado la explosión y ha visto a tantas personas heridas que se ha puesto a ayudar en los rescates, o se ha ido andando hacia algún sitio… La movilización familiar fue inmediata. Cada día que pasa doy las gracias al Universo por la maravillosa familia que tengo. Podrán pasar siglos sin vernos, pero todos nos llevamos en el corazón.
Todo era un caos. En el Gregorio Marañón, que fue el primer hospital que visitamos, nos dijeron que las listas de afectados las iban actualizando tan rápido como podían, pero que no podían identificar a todo el mundo, por lo que dejamos de guardia a un primo, y el resto nos organizamos. Hicimos grupos entre los primos y los tíos y nos fuimos a recorrer los hospitales con la esperanza de encontrarle. Yo fui con mi primo Juan, y nos tocaban los hospitales del sur de Madrid.
Cuando, horas después, bien entrada la noche, nos rendimos a la evidencia de que no estaría por los hospitales, nos reunimos todos en el IFEMA. Había muchísima gente, muchísimas familias angustiadas. Nosotros no perdíamos la esperanza, estábamos seguros de que aparecería en cualquier momento, conmocionado, en alguno de los hospitales colapsados que visitamos sin éxito. 
Recuerdo el abucheo a los políticos que asomaron el careto por allí. Las tonterías que se escuchaban sobre que si había sido fulanito o menganito el responsable del atentado nos ponía los pelos de punta. La manera en la que algunas personas allí trataron mal a familias afectadas por ser árabes. Desde luego, hay que ser gilipollas. ¿Qué culpa tenían aquellas personas que estaban pasando por lo mismo que todos nosotros? No queríamos saber nada de eso, sólo queríamos recuperar a nuestro Paco y su dulce sonrisa.
Una de las muchas veces que me levanté para ver si había nuevas noticias de los listados, dio la casualidad de que, el señor con el megáfono empezó a hablar. En ese momento, en el que yo estaba lejos de mi familia por haberme acercado a los listados, el señor gritó el nombre: Francisco Javier Barahona Imedio
Y el mundo se oscureció. Empecé a llorar, me caí al suelo de rodillas, hundí la cara en las manos… hasta que noté que alguien me ponía una manta por encima, me ponían de pie y me sacaban del recinto. Tranquila, me decían. Respira hondo, vamos, haz un esfuerzo. Andábamos deprisa. Una nube de personas (imagino que trabajadores sociales y psicólogos) estaban a mi alrededor. Cuando llegamos a la puerta de una nave, la voz (no puedo recordar su cara) me volvió a pedir que respirara. Y entonces, se abrió la puerta.
Una nave diáfana, blanca, con un montón de ataúdes puestos en perpendicular a cada lado de un pasillo sin fin. Yo no entendía nada, no podía dejar de llorar, no sabía qué estaba pasando. Entonces, llegamos al último ataúd de la izquierda. Y allí estaba, mi primo, mi amor, mi Paco. ¿Es tu Francisco? Me preguntó un Guardia Civil. Moví la cabeza a modo de contestación, entre sollozos. Y entonces, me calmé. Sentí su paz, sentí que estaba lejos de allí, en un lugar mucho mejor que éste. Nos dimos la vuelta y me llevaron a la parte contigua de la nave, donde unas mesas y unas máquinas de escribir nos esperaban. Cuando la señora que estaba allí empezó a hacerme preguntas, yo empecé a llorar otra vez. No podía contestar. Entonces, entró Paco, el marido de Lourdes, y se sentó a contestar. Menos mal que él estaba lo suficientemente entero como para pensar y hacer todos esos trámites burocráticos que hay que hacer. Yo me fui de allí, en un extraño estado, que no podía entender. Era como si me sintiera desconectada de la vida y del mundo. Más tarde me diagnosticaron un shock postraumático.
Mi dolor no era nada comparado con el de mi prima y mi tía. Mi tío Paco nos dejó hace ya muchos años, pero pude sentir cómo se indignaba desde el cielo. Toda mi familia, todos mis primos, estábamos (y aún lo estamos) rotos por dentro. Mis primos Candi y Juan que durante muchos años fueron sus mejores amigos, no podían creerse esta situación. Y es que, aunque pasen 10 años ya de todo esto, el primo Paco ha seguido en nuestras cabezas y corazones siempre.
Cuando llegué a casa no podía comer, no podía beber, no podía dejar de llorar. Llegó un momento en el que mi llanto era seco, estaba empezando a deshidratarme. Estuve así durante dos días, hasta  que me acerqué al espejo y me vi completamente desfigurada. Casi no se me veían los ojos, la frente completamente hinchada de llorar. Parecía un Klingon de los de Star Trek. El que era mi pareja entonces me obligó a llamar a mis padres. Cuando mi madre me vio en semejante estado, llamó a una ambulancia. Me pusieron un chute que me hizo dormir un día entero.
Cuando desperté no hacía más que preguntarme por qué. ¿Por qué pasaban estas cosas en el mundo?, ¿por qué no hacen más que poner las imágenes del horror en la tele?, ¿por qué utilizan a nuestros muertos para hacer campañas electorales?, ¿por qué seguir viviendo en un mundo así?
Perdí 16 kilos en un mes. Tuve que hacer 2 años de terapia para empezar a sentirme un poco mejor y dejar de tomar pastillas. Gracias César, por toda la ayuda que me diste. Llevo 10 años teniendo pesadillas, aunque gracias al Universo, cada vez son menos frecuentes. No pude volver a montar en un tren hasta 3 años después sin tener ataques de ansiedad. Cada vez que pienso en todo esto, un terrible y profundo rechazo al mundo me invade…
Las repercusiones psicológicas de perder la fe en la humanidad, el trabajo, la capacidad de ser independiente a la hora de moverme en transporte público, el miedo terrible que tengo constantemente a que algo le ocurra a cualquier persona que amo… son indescriptibles. Aunque hay cosas que no se superan nunca, sí que es cierto que las heridas se convierten en cicatrices y las cicatrices nos ayudan a ser más fuertes. Y aunque hay veces que pican, que duelen, que molestan, nos recuerdan que hemos sido capaces de superarnos como personas.
Y es que, sin quererlo, eso me ha enseñado mi primo: a ser más fuerte, a buscar mi independencia mental, de ideas y de vida. Paco era un ejemplo de superación y de que, si uno quiere, puede cambiar drásticamente su vida, con perseverancia y trabajo. Él me ha enseñado a no temerle a la muerte, a saber que cada día de tu vida puede ser el último y que, por tanto, tenemos la obligación de ser felices, de aprovechar la vida y vivirla con una sonrisa.
A día de hoy, ya estoy mucho mejor. Sigo llorando amargamente la muerte de Paco, no pasa ni un solo día en que no piense en él. El año que viene yo tendré la edad que él tenía cuando murió. Qué poco tiempo te dio la vida para disfrutar de tu familia, de tus logros, de tu chica, de tus sobrinos, de tu vida… Cómo te echo de menos, primo. Qué poco tiempo tuvimos para conocernos mejor, para querernos más si cabe, para estar juntos. Ojalá hubieses podido quedarte a nuestro lado.
Raquel*
Le dedico este texto a mi familia, que pasó y pasa su calvario particular, pero en especial a mi tía Amparo y mi prima Lourdes. Sois las personas más valientes que he conocido en mi vida. Os quiero con toda mi alma.

Comienzos, principios (Proyecto Kahlo Marzo 2014)

La situación actual es una calamidad. Vamos a reflexionar y buscar soluciones para ver una alternativa.

Ilustración: Marta A.


Con 18 años me fui de casa. No aguantaba a mi padre, el pobre, que también estaba pasando por lo suyo, y decidí irme. En esa época mandaba currículos y me podía tomar la libertad de elegir trabajos, porque las empresas se me rifaban. Joven, con idiomas, sabía de informática y trabajaba barato, un chollazo, vamos. Y por eso, me pude independizar.
Ahora mismo conozco a personas que pasan de los 25 y que no ven la posibilidad de salir de sus casas, ni a tiros. Cómo ha cambiado el cuento… y yo me pregunto: ¿qué podemos hacer al respecto?, ¿será que hay algo en el modelo actual que no funciona? Y la respuesta es “sí”. Creo firmemente que no es sostenible el modelo de vida que nos hemos planteado.
 Es una pena, pero es que hay mucha gente que no se plantea otra manera de hacer las cosas. Eso de trabajar en el campo, o de hacer algo fuera de convertirse en un crack de lo que sea para ganar mucho dinero, está fuera de nuestro pensamiento de vida plena… y es una pena. Es una pena que la gente se sienta con la obligación de ir a la universidad, aunque no tenga ni puñetera gana de estudiar, aunque lo que le enseñen le parezca una gran mentira, aunque sepa que esas técnicas que repite como loro no funcionan… da igual, hay que ir a la universidad y tener el título. Qué pena.
He conocido Fridas que se están sacando su tercera carrera por amor, por ganas. Que las disfrutan a tope, que cada palabra y nuevo concepto que se cuela por sus ojos les hace más felices. Y he conocido otras que, sin haber pasado por la universidad, tienen una capacidad ilimitada de aprender y de enseñar, verdaderas maestras que te demuestran cosas nuevas con cada pensamiento que sale de sus labios. El hecho de vivir en la sociedad de la titulitis y de la necesidad constante de ser mejores que los otros, alagando la frustración como parte de la envidia, me pone un poco enferma. Por eso, os comento sitios donde podéis buscar alternativas a vivir en un pisito en la ciudad o a tener que ir a trabajar a una oficina:
Aquí, el colega José María, que es todo un máquina, ha sido capaz de enumerar y poner en contacto a miles de personas y pueblos abandonados que necesitan gente que pueble sus calles. También hay una sección de compra y venta, y alquiler sin intermediarios.
Aquí un artículo muy interesante sobre la renta básica universal, un concepto que nos es muy ajeno porque no compensa, pero nada, que nadie lo sepa. Así que shhhh!!! Que es un secreto ;) 
Sobre la economía del bien común. Concepto que me parece súper interesante.
Sobre la liga de los optimistas pragmáticos, un montón de gente que ha decidido tomar las riendas de sus vidas y empezar a tomar cartas en el asunto.
Y después de ver todo ésto, dime: ¿¿sigues pensando que otro mundo no es posible??, ¿¿qué estás haciendo tú para crear un mundo mejor?? Fridas y Kahlos, que no nos tomen el pelo.

Un enorme beso Minimoliano.

 Minimol

La vida es un regalo (Proyecto Kahlo Marzo 2014)

Comenzando la educación de nuestr@s niñ@s con responsabilidad, el futuro cambiaría drásticamente.

Ilustración: Ori


Últimamente, cada vez más, saltan a nuestro alrededor casos de personas que abusan, que son víctimas de abusos de todo tipo (desde los malotes del colegio que se meten con los chavales por su peso, orientación sexual o porque sí, a los casos de pederastas, tráfico de personas, etc.).
Y estoy convencida de que todos estos temas se podrían atajar creando pequeños seres humanos que se sientan amados, respetados e importantes en el mundo. Es evidente que, cualquier niñ@ que pase por experiencias traumáticas severas, no desarrollará una personalidad sana. Es evidente que la primera responsabilidad siempre va a recaer en los padres y en los educadores.
Cuántas veces hemos visto padres que pasan olímpicamente de sus hij@s. Cuántas veces hemos escuchado de nuestr@s supuestos guías (padres, profesores, monitores de actividades deportivas…) que no valemos para nada, que somos una mierda, que si seguimos siendo así (así cómo, ¿¿ yo mism@??) no llegaremos a nada en la vida…

Esas palabras dejan mella en nuestra alma, de una manera tan profunda que nos terminan convirtiendo en pequeños zombis que siguen la marabunta, que dejan de pensar por sí mismos, que permiten que los demás hagan con ellos lo que quieran, que hacen lo que los demás esperan de ellos sin importarles su propia felicidad. La neurosis se basa en eso, en hacerte pensar que tú no vales nada para que tus valores desaparezcan y así seas dócil ante la vida, para que hagas ese trabajo que no te gusta sin rechistar, para que sigas el camino de baldosas amarillas que ellos (los malos) han preparado para sacarnos hasta el último jugo de libertad que pueda salir de nuestras almas.

Fuente

Con respecto a los que acosan, opino que no se cuestionan que el daño que hacen es para toda la vida, al menos, l@s más jóvenes (aquell@s acosadores de colegio e instituto que ante su propia pérdida del camino hacen daño a l@s demás). Estas personas realmente no son conscientes del dolor que provocan, o eso quiero pensar. Porque si me paro a pensar por un momento que realmente han llegado a desarrollar un sentimiento de gusto ante todo este tipo de comportamiento, entonces, perdería por completo la fe en la humanidad. Me niego a creer que una persona pueda ser feliz haciendo daño a los demás. Eso es una enfermedad mental grave, no es una persona equilibrada y completa. Es cierto que el ser humano tiene tendencias violentas, como todos los seres vivos. Todos tenemos la capacidad de defendernos, que para eso existe la violencia. Pero, me cuesta mucho aceptar que las personas que hacen daño de una manera tan brutal, realmente reciban algún tipo de recompensa de todo eso. Estoy convencida de que es más dolor lo que siente la gente que se comporta así con los demás. Porque el odio engendra odio, la violencia engendra violencia, y tener una mente y un alma lleno de negrura y malos pensamientos no creo que sea plato de gusto de nadie. Así que, creo firmemente, que si estas personas tuvieran la oportunidad de experimentar amor y paz de una manera completa, descartarían los demás sentimientos como base para su vida. Llámame comeflores si quieres :P 
Viendo la  película “The whistleblower” conocí la historia de Kathryn Bolkovac, una policía que por circunstancias de la vida acaba en Bosnia por el año 1999, justo después de la guerra. Todos conocemos la guerra de Bosnia, pero, el hecho de que fuera un patio de recreo para los psicópatas del mundo de los ejércitos (no se libra ni Perry, allí pringaba todo tipo de nacionalidad, sexo y raza) me resultó muy fuerte.

Kathryn Bolkovac y Rachel Weisz, la realidad y la ficción de “The whistleblower”. Fuente.

Y me indigno mucho, constantemente, cada vez que leo, oigo o veo una noticia relacionada con tratar seres vivos como si fueran basura. No entiendo cómo estas personas que tratan de esta manera a los seres vivos (personas, animales y plantas) no entienden que la vida es un regalo, es lo único que realmente se nos regala en este mundo. No entiendo cómo puede existir gente que no respete la vida, no solo la de l@s demás, empezando por la suya propia.
Porque tanto los soldados, como las pobres chicas a las que tratan como una mierda, son lo mismo. Están al mismo nivel de cualquier otro trozo de mierda del planeta para los dirigentes, que están demasiado preocupados por mirarse el ombligo mientras cuentan billetes, como para preocuparse de verdad por las personas.

¿Por qué le damos más importancia al dinero que a la vida? ¿No nos damos cuenta de que nos está destruyendo de a poquito?

Todo viene de la educación, una persona que valora la vida nunca jamás cosificaría ni trataría a otros seres vivos  de esta manera tan atroz. Desde aquí, Fridas y Kahlos, os invito a reflexionar sobre el valor de la vida, de la libertad, de la necesidad que hay de ser mentes despiertas para poder darles a nuestr@s hij@s un futuro en el que dejen de existir tráfico de mujeres, de niños, de órganos, de animales…
Acabemos con la mercantilización de la vida, con la cosificación del ser humano, con los conceptos de comprar y vender algo que no pertenece a nadie: la vida es un regalo, no lo olvides nunca.
Se os quiere, Fridas y Kahlos. Muchos besos Minimolianos.

Minimol

Secretos a voces (Proyecto Kahlo, Febreo 2014)

Para mí los secretos siempre han sido una manera de esconderse. No me parece que tengan ninguna función útil, al revés, hacen que los pensamientos se enquisten y se conviertan en tristes versiones de un sueño o de una meta a alcanzar.

Ilustración: Marta D.


Creo que los secretos no hacen más que taponar el corazón y el espíritu, por eso, yo nunca he sabido callarme: lo que ocurre en mi vida, siempre se ha podido contar. Tal vez por eso he tenido muchas personas en mi entorno que lo han usado en mi contra, pero me ha dado igual. Si algo me ha pasado, lo he contado. Si alguien me pregunta cómo estoy, digo la verdad, no me ando con medias respuestas, ni siquiera pienso en la respuesta, voy al corazón y lo abro de par en par. Quizás, por eso, por mi sinceridad y mi capacidad de compartir incluso las experiencias más duras, se me ha tachado de persona rara.
Siempre he pensado si no quieres saberlo, no me preguntes. Cuando alguien me ha hecho una pregunta delicada, le he preguntado “¿De verdad quieres saberlo?, ¿aunque la respuesta te duela?” Porque creo que una de las pocas cosas que nos quedan en esta vida es el ser sinceras con nosotras mismas y con los demás. Endulzar las respuestas es de hipócritas. Creo firmemente que la vida no está hecha para andarse con medias tintas ni con tonterías.

Fuente

Lo cierto es que los secretos han sido la piedra angular de muchas filosofías y religiones, son atractivos, son llamativos. Los usan para que aquellos que llevan más tiempo en el camino se sientan superiores a los que acaban de empezar. A mí eso de que dosifiquen la información haciendo creer a los feligreses de turno que no son dignos de saber… Me suena a tongo. Qué queréis que os diga, el misterio y el secreto son conceptos que me tocan un poco el papo. Perdón por la expresión. Hay muchas sectas que te tienen en más o menos consideración en función de lo que sabes, y lo que sabes va en función de lo que pagas. Así que, claro, el que más ha pagado es el que más sabe.

No sé si el libro este de El Secreto ha caído en vuestras manos, en las mías sí. Y bueno, a pesar de ser una americanada de esas que te deja con los ojos ojipláticos por la cantidad de tonterías que pueden llegar a soltar, sí que creo en que el secreto de la auténtica felicidad, prosperidad y éxito se encuentra en nosotras mismas, en nuestra capacidad de soñar, de comprometerte con una idea o concepto y con las ganas que tienes de hacer que tu vida sea mejor.
Una persona mide su interés muchas veces por todo aquello que calla, todo aquello que no cuenta. A mí las personas que son así siempre me han parecido que no son trigo limpio, que más que ser interesantes, son retorcidas, que las personas que no se abren al mundo huelen a rancio… Pero con los años me he dado cuenta, no sólo de que debemos aprender a amar y respetar a todas las personas como son, sino que no soy nadie para juzgar a los demás. Cada una hemos pasado lo nuestro, ¿cómo puedo permitirme el lujo de decidir que una persona vale más que otra únicamente por mi cabezonería y mis ganas de meter a todo el mundo en el mismo saco?
Parece una reflexión sencilla, pero no lo fue. Me ha costado mucho tiempo darme cuenta de que hay personas que no se abren al mundo porque duele, porque cuando una es como yo, que abre el corazón y permite que todo el mundo se despache a su gusto, se arriesga a que le dejen el espacio hecho unos zorros. Porque, si vivimos en un mundo donde la gente no tiene pudor en llenar los campos y los parques de basura, ¿qué no harán con el interior y el alma de una?
Yo seguiré siendo como soy, porque soy feliz de esta manera, dejando que fluya mi energía, comunicándome con aquellos que tengan ganas de escucharme y sintiendo que la vida es mucho más hermosa cuando los secretos se airean y toman el sol. Te animo, Frida; te animo, Kahlo a que seas capaz de poner en palabras aquellas sensaciones, miedos y situaciones traumáticas que guardas en el fondo de tu alma. Te aseguro que, si lo haces, con el tiempo verás cómo tus heridas se convierten en cicatrices, tejido duro que te permitirá sentirte protegida ante las adversidades de la vida.

Un superbeso Minimoliano.